“Diagnosis del zapatillazo…”
Hoy son lluvias torrenciales y vientos devastadores. Mañana granizo y heladas no recordadas. Pasado mañana será, otra vez, sequía persistente y temperatura del aire asfixiante. Y así, llegamos a padecer fenómenos meteorológicos extremos desconocidos hasta ahora en nuestras latitudes.
¿Qué le pasó al clima? ¿Por qué las estaciones aparecen y desaparecen en cuestión de días? Pareciera que la tierra sufre una fiebre galopante -con imprevistos picos de temperaturas extremas, altas y bajas, en poco espacio de tiempo- que, como a nosotros, lo mismo le hace temblar de frío que, de pronto, languidecer acalorada…
El termómetro no engaña. Siguen los récords de temperaturas del calentamiento global de la superficie planetaria, superando ya en +1,5 grados de media anual, por encima del nivel preindustrial de mediados del siglo XIX. Como a los humanos, tan poca subida de temperatura, nos indica enfermedad y produce malestar. Esta temperatura creciente provoca una inestabilidad y clima extremo que, hoy, amenaza la sostenibilidad de nuestras formas de vida.
Hace más de 50 años que un informe científico -vilipendiado y olvidado- diagnosticaba los males que hoy sufrimos, aconsejándonos cambiar de hábitos económicos, de producción y consumo, o las consecuencias serían irreversibles.
Parece que sólo queda tiempo para no empeorar. Esto es, para parar, pedir disculpas y actuar, dándole una oportunidad a la biosfera y a las generaciones futuras… ¿Quién lo impide?
Gruñido GRRR

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